10.- Gaia (parte 2). De cómo el capitán Ballenato aparece en Villairreal.

II - Un extraño personaje.

De esta manera llegó hasta nuestro ilustre historiador el conocimiento de tan curioso personaje. Y de esta manera fue como él nos lo hizo llegar al resto de los mortales, con las propias palabras de la Tía Parraca, mujer grande y sólida cual roble, cuya profesión era la de ayudar a parir por igual tanto a jóvenes primerizas como a vacas perezosas o yeguas pellejudas, y que, como hemos podido comprobar, tenía además un especial arte para narrar historias.

10.- Gaia (parte 1). De cómo el capitán Ballenato aparece en Villairreal.

I- Una extraña aparición.


Aún recuerdo cuando la tía Parraca me contó la historia del capitán Ballenato. Todos los niños acudíamos a ella para que nos contase historias y cosas divertidas, como decía mi abuela que se hacía antiguamente para pasar el rato cuando la televisión y la radio no existían. Este es su relato. Ella decía que era cierto, pero probablemente nunca lleguemos a saberlo. Eso sí, ponía su voz de misterio para contarnos la historia de la aparición del capitán Ballenato en el pilón del pueblo y su encuentro con Pedro "porrón calavera" :


"Era una mañanita fresquita y húmeda de esas que amanecen de vez en cuando en nuestro pueblecito, que cuando quiere es muy jodido él. Si no recuerdo mal, estamos hablando del 21 de marzo de 1854… Sí, del 54. Esta historia me la sé de carrerilla porque mi abuela me la contaba una y otra vez estando yo en sus rodillas, y la pobre se meaba de risa y yo con ella…¡uy, perdonad chicos, estas cosas no deben decirse delante de los niños!...
     Pues eso… la primavera ya había llegado, pero en forma de tempestad. Aquella noche había llovido a jarros. El viento se coló como un demonio por todas las rendijas de nuestras casitas y los truenos y los relámpagos se contaron por centenas, ¡Qué digo centenas, POR DOCENAS! ¡Pues vaya, después de todo en esta otra dimensión de la realidad también hay tormentas de lujo, sí señor! Pero eso no fue lo que sorprendió a los vecinos de Villairreal, no señor. Lo que les sorprendió fuelo que se encontraron en el pilón de la fuente cuando fueron para allí, y que no era ni más ni menos que un tipo de unos 45 años sentado dentro, con el agua hasta el pecho y una pinta de desorientado que daba lástima, el pobrecico. Llevaba barba de 15 ó 16 días, y el pelo que le escapaba de debajo de su gorra de marinero estaba tan ensortijado que se confundía con los aretes de sus orejas. Tenía en la boca un gesto tenso y retorcido y de ella le brotaba una larga y curvada pipa con la cazoleta rebosante de agua. El poncho que le cubría era de esos impermeables, pero rajado por todos lados y mientras con la siniestra se agarraba al borde del pilón como si la vida le fuera en ello, con la diestra sujetaba un viejo arpón ballenero oxidado que nadie duda que algún día gozó de buena punta pero que ahora parecía más bien un sacacorchos gigante. Se diría que ese pobre hombre aún creíase a bordo de alguna barca en mitad de la tempestad. 
La gente se iba congregando poco a poco alrededor del pilón, pero nadie osaba acercarse al forastero. Unos hablaban bajito entre sí y otros comentaban algo en voz alta esperando alguna reacción de aquel marinero surgido de la nada… pero él seguía mirando fijamente al agua del pilón, con la vista perdida más allá del fondo, como si una serpiente marina o algo aún más terrorífico estuviera allá abajo sosteniéndole la mirada retadoramente.
La verdad es que la situación empezaba a ser un tantito tensa e incómoda. Ni siquiera el alcalde parecía sobreponerse y reaccionar. Menos mal que en ese momento surgió por una de las calles el magnífico Pedro Porrón Calavera, desequilibrándose con el porrón medio vacío que llevaba en la mano, y cantando a grito pelado una romanza que ni él mismo era capaz de reconocer. No. No penséis que a Pedro le hubiera dado por madrugar aquella mañana, lo que ocurre es que aún no se había acostado, y estaba buscando un lugar seco donde soltar los huesos, que de humedad ya iba él sobrado por dentro. Pero, ¡ay, chiquillos!"
En este momento, dábamos todos un respingo, porque nadie se esperaba ese grito...
"Cuando Pedro divisó el borroso grupo de gente, que para él se hacía incluso el doble de grande de lo que en realidad era, dió un  respingo y dijo: “¡Pero leñess, si hay baile en la palaza!” -Y para allá que se fueron él, su porrón y su romanza, dando saltitos joteros y derramando vino sobre mojado:



- Venga, a bailar. Yo también quiero bailar. ¿y la música?- empezó a gritar cuando llegó hasta ellos.
-Ssssh…! Calla ahora Pedro- Soltó el alcaide que, al parecer, ya comenzaba a sentirse en la obligación de hacer algo- ¿No ves lo que hay en el pilón?
Pedrito miró bizcamente hacia el pilón y dijo con su lengua de sapo:
-Andalaaaá…!¡Dos marineritos!  Je, je, je, je… Que nooooo… Hombereee… Que sólo hay unoooo… Nostoy tan borruachiooo…!! Bueno, ¿Y se pué saber qué demonio saceis toos aquí mirándole? ¿Eh? ¿¡Andestá lospitalidá deste puebolo, Eh?¡Eh? ¡coñe! ¡Deste puebolo…! ¡Eh, eh?
Y tras soltar tan acertado discurso, se metió sin pensarlo ni una vez en el pilón, y se sentó frente al extrañado extraño. Extendióle entonces el porrón y gritóle:
-¡Coñe, coñe y coñe…!¡Aquí en Villairreal saludamos así a los visitantes! ¡BEBE
Y de pronto el marinero pareció regresar de muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuy lejos. Parpadeó varias veces, o quizás alguna más y se quedó observando a aquel tipejo de cara colorada que acababa de sentarse ante él, con aquel cigarrillo empapado colgándole de la sonrisa boba y que le estaba ofreciendo un trago de vino en un porrón. Un enorme escalofrío sacudió violentamente su cuerpo, lo cual provocó que por fin se diera cuenta de dónde estaba metido. Discurrió con la mirada hasta el borde del pilón, y luego más allá, hasta descubrir con sorpresa el público que le rodeaba. Observó a aquella multitud durante unos breves instantes (de 3 ó 4 segundos cada uno) y entonces volvió la cabeza de nuevo hacia el porrón, y con toda tranquilidad, como si ésta fuera la forma habitual de despertarse cada mañana, lo tomó con decisión , y gruñendo un escueto “graciass” extrajo de aquel recipiente un larguísimo hilo encarnado que se fue deslizando por su garganta hacia el abismo de sus entrañas".


Esta es una de las historias que nos contaba la tía Parraca, en los días lluviosos en que no podíamos ir a jugar a la calle y nos gustaba sentarnos alrededor de ella y del fuego, comiendo castañas (si era el tiempo y las había) y escuchando aquellas raras historias...




9.- San Dalio, la Parroquia Excomulgada.

Según nos cuenta Benito en su libro, no se conoce ningún otro caso (a parte del que nos ocupa) de una parroquia que haya sido excomulgada por orden de la Santa Iglesia Católica.
En esta ocasión lo excepcional no es que el papa Inocencio XI decidiera excomulgar al rebelde párroco de Villairreal, y posteriormente al pueblo entero por defenderle con uñas y guadañas, es que además, viendo dicho papa hasta qué punto el templo sagrado había sido ultrajado, impurificado y profanado, decidió suprimirlo como tal en el censo de parroquias del país redactando una encíclica en la que declaraba a la parroquia de Villairreal la Grande "impropia de los honores y virtudes que en un principio se le otorgaron por medio de la bendición papal, y por tanto excomulgada Per seculo seculorum. Amén".
Pero empecemos más o menos por el principio: El primer encontronazo entre la Santa iglesia y la parroquia de Villairreal fue allá en el siglo VI, cuando el Papa Gregorio Magno inicia la tarea de unificación de la liturgia (de la cual surgiría, entre otras cosas, el canto gregoriano) que poco a poco fue acabando con el resto de liturgias excepto... ¡la de la parroquia de San Dalio!, que se negó en redondo a adoptar los nuevos ritos. Esto originó una serie de disputas y desencuentros con las autoridades eclesiásticas, que fueron prolongándose en los sucesivos siglos, siempre, eso sí, sin que llegara la sangre al río.
Pero el enfrentamiento más importante fue a partir del Concilio de Trento y el inicio de la Contrarreforma: un arduo proceso de unificación de la liturgia católica y de la reglamentación de la vida eclesiástica. Esto afecto a la morfología musical, prohibiéndose interpretar cualquier canto profano dentro del templo. La Iglesia chocó de lleno, nuevamente, con la parroquia villairrealina, la cual tenía ya un extenso repertorio de salmos, aleluyas y motetes y sentía un cariño enorme por dichos cánticos, en su mayoría compuestos por Maese Carlines, un fraile muy estimado que vivió en el pueblo entre los años 1236 y 1250 y tuvo a bien donar a la parroquia todas sus magníficas composiciones. Así pues, el pueblo en masa se negó rotundamente a renunciar a ellas y siguió incluyéndolas en su particular manera de realizar los ritos eclesiásticos. Y ocurrió lo que tenía que ocurrir, que Inocencio XI cogió el toro por los cuernos. En 1678, una caravana con emisarios del vaticano se detenía en la plaza Mayor de Villairreal, justo frente a la puerta de la parroquia. Misión: registrar dicha parroquia e imponer allí el orden, sacar todos los textos y partituras prohibidas para quemarlos e imponer el criterio establecido de que todos los párrocos se preocuparan porque sus templos estuvieran cuidados, acicalados y porque el dinero de los óbolos fuera empleando en adornarlos con obras de arte y joyas que dignificaran la casa de Dios.
Pero vaya, en aquel tiempo nuestro párroco era ni más ni menos que Don Escueto. Una persona sencilla, sobria, íntegra y... un poquito revolucionaria. La iglesia de Villairreal jamás había tenido objetos verdaderamente valiosos, pero desde que era regentada por este párroco, aún menos, pues era de la opinión de que el dinero debía emplearse en ayudar al necesitado y no en acumular objetos de adorno. El caso es que este curilla agreste e indómito se puso en la puerta de su parroquia con los brazos en cruz y no permitió que ni un sólo nuncio papal entrara en ella. La procesión tuvo que volverse a Roma por donde había venido.
Inocencio XI. No podía permitir una desobediencia tal. Así que decidió mandar otra expedición, pero esta vez no sólo con emisarios y religiosos, sino también con soldados. La orden era entrar en la parroquia y poner orden fuese como fuese, aunque se interpusieran "cien curillas en cruz". Y voto a bríos que así fue:
La comanda entró a saco en la parroquia sin que nadie pudiera, o se atreviera a impedirlo. Revolviéronla de cabo a rabo.
Descubrieron todas las partituras y textos antaño compuestos por Maese Carlines.
Pero el colmo fue encontrar escondido en la biblioteca, unos evangelios apócrifos cantados (y encima polifónicos) que daban claramente a entender que Jesucristo había vuelto a bajar a la tierra y se había refugiado en Villairreal.
La santa compañía volvió absolutamente escandalizada a Roma con las pruebas necesarias para demostrar que todo el pueblo de Villairreal debía ser condenado por tan grandes herejías.
La suerte hizo que el pueblo de Villairreal gozara de la amistad del brujo Acónito Áureo. Personaje oscuro que recorría los pueblos de la comarca pregonando sus bebedizos y filtros de amor. Acónito sufrió una visión premonitoria. Vio una terrorífica expedición de soldados y clérigos acercándose enfurecidos hacia el pueblo con intención de exterminarlo en la hoguera.
¿Qué hacer? ¿Retractarse? ¡Jamás! ¿Hacerles frente? ¿Para qué? Villairreal era un pueblo pacífico, y aunque consiguieran echarles de allí ¿Qué conseguirían, que volvieran con más soldados? La única solución que quedaba era el éxodo, pero ¿a dónde?
Aquí fue donde todo el magnífico poder de Acónito Áureo se puso de manifiesto. Dos días le llevó reunir todos los ingredientes necesarios para realizar el que sería quizás el más poderoso conjuro de su carrera. Con una serie de rituales y melodías mágicas que realizó frente a la entrada de una cueva cercana, consiguió abrir una puerta astrotelúrica que llevaba a otra dimensión de la realidad. Una vía de escape por la que nadie podría entrar sin conocer antes la melodía mágica.
Imagínense el acontecimiento: todo un pueblo empaquetando sus bienes más queridos, llenando carromatos y jumentos de enseres. Atravesando los campos en una enorme procesión de mujeres, hombres, niños, gallinas, cerdos, caballos y mulas, vacas y terneros... Y los chirriantes carros repletos hasta el cielo de sacos, arcones, muebles, libros históricos y del colegio, los pocos bienes de la parroquia de San Dalio, instrumentos musicales y de labranza, etc., etc., etc... Al ritmo de la melodía mágica, que todos iban canturreando y tocando para poder pasar a la nueva dimensión, la triste procesión va desapareciendo por la entrada de la cueva. Nadie mira hacia atrás. Saben que el pasado ya no existe. Todos piensan en lo que encontrarán al final de su viaje. Acónito deja de tocar su flauta mágica cuando entra el último pastor con su último cordero a hombros. Echa tierra a la hoguera y la extingue. La puerta mítica se cierra. La Inquisición tan sólo encuentra un pueblo fantasma.
No se sabe la fecha exacta de este éxodo. Se diría que todos los habitantes decidieron borrar ese día de sus mentes, pero según Benito, no cabe duda de que tuvo que ser entre 1670 y 1690. Los habitantes de Villairreal llegaron a un lugar maravilloso de tierras fértiles y bellos paisajes. Allí iniciaron la laboriosa reconstrucción de la que ahora sería Villairreal la Chica, y allí siguieron con su magnífica vida, recibiendo hospitalariamente a los pocos viajeros que han descubierto la melodía mágica y han encontrado la Puerta Mítica.

8.- Pedro "Porrón Calavera".

Pedro “Porrón” Calavera es uno de los personajes más conocidos de Villairreal.
Era un bebedor empedernido, siempre de fiesta por el pueblo y llegando a convertirse en la pesadilla de las mozas y mujeres del pueblo, ya que si en alguna de sus correrías se fijaba en alguna de ellas, la perseguía hasta la desesperación recitándoles poemas y llegando a componer romances para conseguir seducirlas. De este tema se habla en el Romance de amor alcohólico, el cual fue compuesto por él, al enamorarse de una tal Teresa. En cuanto a su oficio, a consecuencia de sus correrías y juergas, no se sabe a ciencia cierta cuál era su trabajo de verdad, aunque sí se conoce que en ocasiones se dedicaba al pastoreo, aunque no con demasiada suerte, por lo que no le duraba mucho tiempo el trabajo. De este oficio existe una jota hablando del tema, compuesta no se sabe si por el propio Pedro o por un amigo suyo de correrías, que le hizo la letra.
Al personaje de Pedro “Porrón”, se le conoce por el tema que se presenta a continuación. Se trata de un cantar de ciego que era llevado de pueblo en pueblo, para recitarlo y así ganarse la vida, por el ciego Macabeo. La presentación que realizaba Macabeo era todo un atrayente para los del pueblo e iba acompañado de un porrón para hacer honor al apodo llevado por nuestro personaje. La presentación entonaba de esta guisa:

Buenas tardes a la audiencia.

Soy el ciego Macabeo,

que recorre el mundo entero con infinita paciencia,

regalando su sapiencia

y buscándose el papeo.

Y aunque no os puedo ver,

sin embargo si que os siento;

que os oigo a todos beber...

y no invitáis a un sediento.

Y el ciego si no está contento

se vuelve mudo también.

Voy a contaros la historia de Pedro “Porrón” Calavera.

Hombre necio y algo enreda, que si no falla mi memoria,

fue amante de la botella, del porrón y de una tal Antonia.

Y para mojar el evento y dar cabida a la juerga

Este porrón que es de “Huelva”,

mojará con su sustento la garganta del que beba

Pasadlo de mesa en mesa y bebedlo, catadlo con esmero

Porque lleva vino del pueblo de Pedro “porrón” Calavera –

7.- Mily Ivanovich Glinkovsky.

Ivanovich nació en 1804 en Tiksi, ciudad costera y fría de la Rusia más oriental. Allí, con un profesor particular, recibió sus primeras clases de solfeo y violín. A los 10 años su familia tuvo que emigrar a San Petersburgo y más tarde a Moscú, lugares en los que siguió con sus estudios de conservatorio y contactó con muchos de los grandes compositores de la época.
Pronto se hizo famoso como compositor por su peculiar estilo en el que mezclaba con toda naturalidad la música folklórica rusa con la ópera italiana, de la que estaba profundamente enamorado.
Pasó una temporada en Berlín y gustó mucho de viajar a Italia e incluso a España en busca de fuentes de inspiración.
Lo curioso de este personaje es que justo 2 días antes del estreno en Moscú de la que sería su más inspirada obra: Las 2 vidas del zar, Mily desapareció para siempre sin dejar ni rastro. Es por ello que los libros de historia le dan por muerto en 1857.
¿Qué pasó con Mily Ivanovich?
Gracias a las exhaustivas investigaciones de Cantalapiedra, hoy sabemos que no murió. Lo que ocurrió es que sufría de la enfermedad llamada porfiria, la cual le llevó a una locura tan profunda que no era capaz de saber ni el día en que vivía.
Mily estaba trabajando en una partitura nueva cuyos apuntes se conservan en la biblioteca nacional de Moscú y a los que el profesor Cantalapiedra tuvo acceso y con gran sorpresa por su parte, descubrió que en ella hay numerosos bocetos que, repetidos obsesivamente, van poco a poco evolucionando hasta llevarle hasta la melodía de La puerta mítica.
El profesor Benito, que pronto supo de la existencia de un compositor ruso en Villairreal, investigó hasta llegar a las siguientes conclusiones:
"...El pobre Mily alcanzó un grado de demencia extremo por culpa de la porfiria, y obsesionado como parecía estar con aquella frase musical que copiaba constantemente en cualquier papel que caía en sus manos (en el archivo de la biblioteca se conservan incluso servilletas de un famoso café de Milán), iba a todas horas canturreándola. La casualidad hizo que cuando la melodía había alcanzado su perfección, Mily paseara por algún lugar en el que la "puerta mítica" estaba abierta. El resultado, pues, era que Mily Ivanovich entró en Villairreal".
Otra teoría habla de que tal vez este compositor hubiera conocido a alguien del pueblo, porque...¿Era una casualidad que descubriera la melodía de la puerta mítica o se la escuchó a alguien?¿Por qué si no esa obsesión con ella?
El caso es que Mily llegó a Villairreal un día de Enero de 1857, y ya se quedó a vivir allí para el resto de sus días.
La llegada fué un tanto especial y Benito Cantalapiedra nos la describe así en su "Historia revisada de Villairreal la chica":
"...Los vecinos vieron llegar cojeando a un extraño sujeto. Vestía curiosos ropajes y hablaba una lengua desconocida para ellos. Aparentemente se encontraba hambriento y en estado de embriaguez y quizá este último detalle fue el que hiciera que les cayera simpático [...] Atraído por los efluvios que salían de la tahona de Guadalupe la panadera, entró, a lo cual esta, compadeciéndose de su lamentable aspecto, dejó que se hartara cuanto quisiera de su pan y de su agua".

Todavía hoy en Villairreal, se denomina "hacer la mili" al acto de pegarse un atracón de pan y agua hasta caer exhaustos, y es tradición que los mozos lo hagan al cumplir los 17 años, como una especie de rito de madurez.
El caso es que Guadalupe la panadera dió cobijo al pobre Mily y lo alimentó con su delicioso pan y curiosamente, al cabo de 6 meses de someterse a esta dieta, el compositor ruso estaba completamente recuperado y cuerdo. ¿Cómo pudo ser esto?
El profesor Benito se trajo de Villairreal una muestra del pan que se hace allí para poder analizarlo y descubrió con gran sorpresa que la variedad de trigo que siembran allí, unida al agua con la que hacen la masa del pan, provee a éste de una serie de oligoelementos que se han revelado como excelentes para corregir las carencias que provocan la porfiria. ¡Lástima que cuando Benito habló a los doctores de la época de nuestro pueblo escondido y de los efectos milagrosos de su pan, estos sabios señores se rieron a carcajada limpia!
Concluyendo con la fantástica historia de Mily Ivanovich, diremos que una vez restablecido, agradecido y maravillado por el pueblecito al que había llegado, decidió quedarse allí a vivir el resto de sus días. Se construyó una casita de madera y siguió componiendo hermosas canciones que recordaban a su país natal y con las que deleitaba a sus contemporáneos.
Por desgracia en 1892 Mily estaba ya muy "p'allá". Y esta vez no era porfiria sino demencia senil. En lo que se cree que debió de ser un descuido suyo, una noche incendió su cabaña. El compositor pudo salvarse por los pelos, aunque moriría al año siguiente. De su hogar no quedaron más que cenizas. Todas sus partituras desaparecieron con la cabaña. Todas excepto Truska da Kiev.
Durante más de un siglo se ha creído que esta bellísima melodía era instrumental, pero nosotros hemos descubierto, revolviendo en los archivos de la iglesia, una letra que encaja perfectamente y que revela que quizás la canción era el aria de alguna ópera en la que estuviera trabajando Mily poco antes del triste accidente de su cabaña.
La letra: ¿era de Ivanovich o la escribió algún poeta posterior?Es probable que fuera el mismo compositor ruso el que la escribiera, ya que está escrita en una jerga extraña que recuerda al ruso y al avaric (dialecto que se habla en Tiksi).

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CONCIERTOS.

¡EL RETORNO DEL PORRÓN!
Volvemos con temas nuevos, los porrones llenos de ilusión, cariño, muchas ganas y por supuesto de ese licorcito tan rico, rico, como el de Villairreal.
Para más información
20 de julio de 2012, 22:30 horas, Sensorama Jazz Café, Avda de Moscú, nº1, Coslada.
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¡VOLVEMOS A TOCAR!

24 de septiembre de 2010, 22:30 horas, Sensorama Jazz Café, Avda de Moscú, nº1, Coslada.
























6.- La leyenda de los dos borrachos.

Esta historia narra la leyenda contada por los abuelos a los nietos alrededor del fuego, ya que la mayoría de las historias contadas en Villairreal se basan en la tradición oral como en cualquier región con una larga tradición popular.
En ella se cuenta cómo a dos personajes del pueblo, en una noche de luna llena, se les aparece el demonio y le propone un pacto por sus almas. Estos dos hombres deciden aceptar el pacto. Lo curioso de este pacto no es que vendieran sus almas, si no lo que recibieron a cambio: ¿mujeres, dinero, poder? Nada de eso; lo que recibieron a cambio fueron unos toneles de vino que jamás se terminaba, con lo que podían dar rienda suelta a sus borracheras. La letra de la canción cuenta como estos dos hombres recuerdan de la noche de la “transacción”.

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5.- Otoño sin luz.

Hace muchos siglos, en Villairreal cohabitaban básicamente dos familias: Los Nimus y los Nonimus.
Los que se apellidaban Nimus eran de condición humilde. Precisamente su apellido proviene del latín: "Omnis mus" que viene a significar algo así como "Todos los ratones", haciendo alusión a las condiciones en que tenían que vivir estas familias de economía precaria.
En cambio, los que adoptaron el apellido Nonimus, eran familias pudientes que vivian en casas y calles mucho mejor cuidadas. Su apellido provenía igualmente del latín: "Non in mus", es decir, "No con ratones".
El caso es que con el tiempo, la variedad de familias y apellidos fue aumentando, como es lógico. Benito Cantalapiedra, revisando concienzudamente los censos de Villairreal, pudo certificar que el último Nimus del pueblo falleció el 4 de Noviembre de 1690, mientras que de la familia Nónimus no se tiene ninguna constancia más allá del fallecimiento, el 5 de Noviembre de 1761 del que se supone fue el último miembro.
Pues el caso es que toda esta historia ha provocado que, desde hace muchísimo tiempo, cada vez que alguien canta una canción antigua y de autor desconocido, se dice que es "de Marianónimo", como para indicar que podía haberla compuesto tanto un Mariano Nimus, como una María Nonimus, es decir, que ¡vaya usted a saber quién diablos habrá inventado esta tonadilla!
Y eso es lo que ha pasado con esta canción, balada romántica, de desamores, que une la melodía con un ritmo de vals y que al final acaba con un blues… Algo extraño si se tiene en cuenta que esta melodía tiene muchos años.


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4.- Acónito Áureo.

Acónito Áureo es quizás el personaje más misterioso y apasionante de todo el elenco de Villairreal. No existe absolutamente ningún dato sobre las fechas en que vivió y murió este vecino de Villairreal que consagró toda su vida a la alquimia y a las artes mágicas, pero, a juzgar por el nombre con el que firmó sus 23 tratados conocidos, debió de existir en los siglos XVII o XVIII, ya que en aquel largo período fue una costumbre muy arraigada la de bautizar a los neonatos con nombres de plantas. Se dice que este individuo huraño y solitario descubrió la forma de invocar y dominar a cualquier ser mágico (maligno o benigno) de la zona, por poderoso que éste fuera, así como de expulsarlos de la región o incluso eliminarlos definitivamente. Según la "Historia revisada de Villairreal la chica" del profesor Benito Cantalapiedra: "...esta especie de brujo o "paracientífico", como le gustaba denominarse en sus tratados, gozó de una fama enorme por toda la región por su capacidad para sanar todo tipo de males, ya fueran físicos o psíquicos [...] y ayudar con las cosechas y el ganado de los lugareños". Sin embargo, según narra más adelante: "Por los pocos y esquivos testimonios que he conseguido recoger, Acónito Áureo murió en la hoguera, víctima del odio provocado con sus últimos hechizos demoníacos". Según pudo constatar: "...fue poco a poco amargándose su carácter y granjeándose el miedo de la gente [...]; tras el miedo vendría el odio".
Lo que ni siquiera el profesor Cantalapiedra ha podido descubrir es el motivo por el cual este científico mago, que dedicó toda su vida a ayudar a los demás, acabó realizando magia negra y queriendo hacer daño al pueblo de Villairreal.
Entre los tratados que escribió Acónito están:
*"Alquimia fácil y principios de metamagia".
*"Uso de batracios y reptiles para curas y enmiendas".
*"Tratado de monstruos y fantasmas".
*"El Rethílico. Manual de bebedizos alcohólicos".
Es una verdadera lástima que no fechara ninguna de sus obras, ya que así hubiéramos podido concretar la época en que vivió. Otras obras de Acónito, igual que las anteriores manuscritas y conservadas como valiosísimos ejemplares en el Museo Antropológico de la Iglesia de Villairreal son:
*"Manual de Hadas. Recogida, conservación y usos".
*"Pangea. Poderes mágicos de los 7 elementos (sic)".
*"Alquimia avanzada".
*"Tratado de la falsa locura o locura amorosa".

Como hemos dicho antes, parece ser, por lo que cuentan las innumerables leyendas que giran en torno a este individuo, que realmente llegó a sintetizar la piedra filosofal y utilizarla para crear infinitas pócimas y bebedizos de eficacia insuperable. De hecho, son unos cuantos los científicos del siglo XX que han intentado reproducir sus fórmulas, constatando la eficacia de muchas de ellas. Pero ocurre que a una gran mayoría les falta un ingrediente esencial, algo que Acónito dio en llamar Cogniaurum (coñiauro) y que se supone que es algún compuesto obtenido a través de la piedra filosofal, aunque seguramente lo descubrió de pura coña, de ahí su nombre…

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3.- Huelebares.

Los primeros datos que el ilustre historiador Benito Cantalapiedra ha podido recopilar sobre la familia Olivares datan del siglo XV. En ellos ya se habla de que, la muy digna profesión a la que decidieron dedicarse en cuerpo y alma, era la de buscar agua para los vecinos de Villairreal. Puede decirse que, en su día, no existió ni un sólo hogar que no disfrutara de agua de pozo gracias a las facultades que los Olivares poseían.
Ellos descubrieron que la mejor madera para ejercer de zahorí era la de una variedad endémica de olivo (olea europaea) que sólo se encuentra en Villairreal y en una región remota de Grecia (se le llama popularmente “olivo secorro"). Con constancia y dedicación desarrollaron una sofisticadísima técnica con la que detectaron, con excepcional precisión, las corrientes subterráneas de la zona e incluso determinaron, con menos de 30 centímetros de margen de error como media, la profundidad a la que se hallaban dichas corrientes.
Y la cosa no quedó ahí. No conformes con esta capacidad, investigaron y practicaron hasta conseguir diferenciar, con la sola vibración de sus varitas, tanto el caudal medio de las corrientes de agua como el tipo de agua que discurría por ellas: Si se trataba de agua dulce, salina, ferruginosa, curativa o, como ellos las bautizaron, "aguas ebrias", es decir, un tipo de corrientes subterráneas que hasta el momento sólo se han hallado en esta zona del planeta y que por sus componentes minerales y químicos pueden llegar a embriagar si se beben en la cantidad y temperatura adecuadas (parece ser los efectos van aumentando a medida que se consumen a una temperatura más próxima a la del hervor, es decir, los 100 grados centígrados).
Sin duda este último dato es el que hizo que, ya en el siglo XVIII, Nenúfar Olivares quisiera investigar por su cuenta con otros tipos de maderas para poder descubrir SOBRE TODO los manantiales de "aguas ebrias".
Nenúfar Olivares, hijo del reputadísimo Cálamo Olivares, se convirtió en un vecino bastante popular debido a sus descomunales borracheras (quizás sólo superadas en su día por Don Pedro Porrón Calavera), y pronto fue vox populi que sus varitas no servían en modo alguno para descubrir manantiales de agua potable que pudieran convertirse en pozos para el hogar. Todo lo más que llegaba a descubrir con sus palitos eran estas otras aguas que no traían más que consecuencias nefastas para todo aquel que caía en el vicio de consumirlas ya que a los efectos emborrachadores habrían de unirse las graves lesiones que los viciados se producían en el estómago al forzarse una y otra vez a tomarlas lo más calientes posibles con el fin de conseguir el máximo de sus propiedades.
Hay datos suficientes, recopilados por Benito Cantalapiedra, como para afirmar que en sus últimos años, Nenúfar Olivares usó varitas de zahorí fabricadas con madera de vid, las cuales tan sólo le llevaban a los lugares estratégicos en los que se escondían los lagares de los vecinos, las bodegas subterráneas y por supuesto, todos los bares del pueblo. Este hecho originó que los habitantes de Villairreal, haciéndole constante objeto de chanza, le pusieran el sobrenombre de "Huelebares".
Ni que decir tiene que este pobre hombre acabó en la más absoluta miseria, ya que nadie quiso recurrir nunca más a sus servicios, además de soltero, sin descendencia reconocida, aunque se le atribuye la paternidad de un tal Ranúnculo y de un tal Olmo, pero nunca se pudo demostrar, y afectado de una demencia alcohólica que le llevó a la muerte. Paradójicamente lo que acabó con su vida fue el agua, ya que cayó, en el curso de una descomunal borrachera, a un abrevadero de vacas del que no logró salir nunca jamás por su propio pie.
Con la muerte de don Nenúfar terminó una estirpe de zahoríes que sin duda alguna fue esencial para el asentamiento y posterior progreso de nuestro queridísimo pueblo de Villairreal.
Nenúfar tuvo dos hermanas, Enea y Egeria Olivares, pero ¡qué curioso!, parece que esa extrema sensibilidad para encontrar agua sólo se trasmitía en el cromosoma Y.
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2.- Toribio.

Sé que ustedes lo tomarán a broma, pero les aseguro que lo que les contamos es auténtico y puede comprobarse en los censos de Villairreal: Toribio nació el 1 de Enero de 1800 a las 2:05 y falleció el 31 de Diciembre de 1899 a las 23:50.
Cien años justos de vida. Cien años arrastrando su cuerpo tullido. Cien años sin encontrar con quién hacer el amor ni siquiera una sola vez (ni las profesionales lo aceptaron).
Para colmo, a pesar de que dedicó más de 80 años de su vida a vender lotería por las calles y los bares del pueblo de Villairreal, jamás dio un solo premio. A pesar de lo cual la gente, movida por la compasión, y porque era el único lotero de la región, siguió comprando sus cupones permitiéndole de esta forma malvivir.
A Toribio le compusieron una canción, cruel como ella sola, de la cual no se conoce a su autor, pero qué duda cabe que supo reflejar la triste realidad de este personaje y el tipo de relación que tenía con los demás vecinos.
Hay una segunda tonadilla dedicada a él, mucho más lírica y compasiva, descubierta por nuesro ilustre historiador, Benito, de una manera tan casual que casi parece milagrosa. Fue así:
El día anterior a su marcha definitiva de Villairreal, pues ya no le daría tiempo a volver nunca más, paseaba Don Benito por las calles del pueblo intentando grabar por última vez en su memoria aquellas construcciones y aquellos paisajes que tanto amaba, cuando de pronto oyó a una anciana canturrear a la puerta de su casa una melancólica tonada que mencionaba a este personaje que él conocía tan bien.
Don Benito entabló conversación con la senil anciana, y a duras penas consiguió sacarle la letra y melodía completas de la susodicha canción. Pero lo que más le fascinó fueron las explicaciones que ella le dio de su origen. Parece ser que al poco de morir Toribio, la estanquera del pueblo, una señora gordísima y paralítica de cintura para abajo que jamás salía de su estanco, desveló lo enamorada que había estado del lotero componiéndole esta bella canción que intentaba contrarrestar aquella otra tan despiadada.
Es una pena que tal confesión llegara tan tarde ya que estamos seguros de que Toribio hubiera marchado de este mundo con mejor sabor de boca de haber sabido que al menos una mujer en este mundo no le veía como un ser abominable.
La anciana que por casualidad transmitió a Don Benito esta joya musical era ni más ni menos que la nieta de la estanquera enamorada. Nosotros hemos querido rendir homenaje a estos vecinos uniéndolos musicalmente, ya que no pudieron hacerlo corporalmente. El resultado final parece así cobrar un carácter más compasivo y justo.

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1.- Puerta mítica.

Benito Cantalapiedra (1890-1981)
Técnicamente hablando, sería muy sencillo dar con una de las varias (se cree) entradas mágicas que Villairreal posee y disfrutar por un tiempo de las delicias de este pueblo.
"Tan sólo" habría que ir paseando por toda la superficie del planeta, interpretando, con una flauta o silbando sin parar la tonadilla de acceso, hasta que sintiéramos que por fin hemos entrado en las ricas viñas de Villairreal.

Muchos lo han intentado. Y no pocos lo han logrado.


El propio Benito Cantalapiedra pasó más de 30 años intentando regresar para poner en orden los numerosos datos confusos que le habían quedado de su primera visita y así poder rematar su magna obra histórica. Pero vayamos al principio:
Con tan sólo 18 años (1908), Benito oyó hablar por primera vez de aquel pueblo oculto en la geografía española. Fue un buhonero de aspecto lúgubre, que gracias a los 6 dedos que poseía en cada mano era capaz de tocar una larguísima flauta de boj, el que le narró las maravillas que allí podría encontrar si conseguía llegar, y el que le enseñó la delicada tonadilla que le permitiría acceder a la puerta mítica.
En 1915, cuando nuestro protagonista contaba con 25 añitos, y sus amigos y él estaban ya hasta el colodrillo de ir silbando siempre la misma melodía, ocurrió el milagro del azar. Era el mes de agosto y acababa de terminar por fin la carrera de Historia. Estaba de excursión con sus amigos por la sierra de Gredos. Caminaba junto a la compañera que más tarde sería su esposa, Carolina Calatrava. Ambos iban solos silbando la melodía, pues los demás compañeros se habían adelantado para evitar el dolor de cabeza que les ocasionaban con su monótona insistencia. De pronto sintieron la extraña sensación de encontrarse en otro lugar que no tenía nada que ver con la sierra de Gredos. El terreno era más llano y verde. Un acogedor río flanqueado por sauces y álamos discurría frente a ellos con un murmullo relajante. Al otro lado, extensas y cuidadas viñas, más allá, un modesto campanario flotando en un mar de tejados rojos... De los demás compañeros, ni rastro.
Tardaron poco en darse cuenta de que lo habían conseguido. Con la piel erizada y una sonrisa bobalicona se miraron y dijeron: ¡Albricias, estamos en Villairreal!
Evidentemente fue una experiencia reveladora para nuestro tierno y apasionado historiador, que se pasó 3 meses con su amiga Carolina, recopilando datos y hablando con los lugareños para recabar toda la información que le diera tiempo. Cuando volvió a Madrid (volver es muchísimo más fácil) traían bajo sus brazos montones de folios de tosco papel, en los que habían recogido cientos de leyendas, historias pretéritas y presentes, costumbres, bocetos de vestimentas, utensilios e instrumentos, y por supuesto, ricas y misteriosas coplillas que formaban el legado del saber popular de aquel lugar.
Ambos corrieron raudos y veloces a visitar a sus amigos y narrarles lo acontecido, pero ellos se rieron irónicamente y no creyeron ni una sola palabra. Era mucho más fácil para ellos pensar que, ¡ay pillines!, lo que había ocurrido es que los dos enamorados se habían fugado lejos para vivir su pequeño romance. Es más, les echaron una buena bronca por haberse ido sin decir nada, dejándoles preocupadísimos y buscándoles durante semanas.
A partir de aquella experiencia, la vida de Benito Cantalapiedra sólo tuvo 2 pasiones: Su amada Carolina Calatrava, con la que contrajo matrimonio el 25 de febrero de 1916, y escribir el voluminoso libro Villairreal la chica, historia de un pueblo oculto el cual vio la luz el 25 de Febrero de1920.
Con 30 años Benito había conseguido su objetivo profesional. Pero sólo tenía una obsesión en su cabeza: volver a Villairreal. Primero, porque echaba de menos todo aquello, principalmente a sus gentes, entre las que había hecho algunos valiosos amigos, y segundo porque escribiendo su tratado se había dado cuenta de la inmensa cantidad de datos que le faltaban por recoger. Deseaba poder algún día regresar y así escribir una edición ampliada, revisada y mejorada de su voluminoso libro. Ni que decir tiene que se dedicó durante toda su vida a recorrer los parajes de Gredos con una flauta dulce, esperando encontrar de nuevo la puerta. El pobre parecía un pastorcillo enamorado, cada vez más desesperado al no lograr alcanzar su objeto de deseo. Y es que, por lo que se ha podido averiguar mucho después, parece ser que la susodicha puerta o puertas, si es que existen efectivamente más de una, no son puntos fijos sobre la corteza terrestre, sino que, al estar originadas por alguna suerte de conjunción astral que aún no se ha podido determinar, éstas se mueven lenta pero constantemente, con lo cual, volver a dar con ellas es siempre una verdadera hazaña.En fin, abreviando que es gerundio diremos que hasta el año 1952, Benito no logró regresar al pueblo. Contaba 62 años y ni se acordaba ya del tema, pero por casualidad entró. Y pudo aún con 74 años, el 25 de febrero de 1964, editar su famosísima "Historia revisada de Villairreal la chica".

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Comienza la aventura...

Algunos creen que la magia no existe, pero…
¿y si un día paseando por el campo silbando una melodía, de repente parece que te encuentras en un sitio distinto donde el tiempo, el espacio y la luz es diferente?
Es Villairreal, un pueblo desconocido, el cual, mediante el hechizo de un brujo en el siglo XVII, envió a toda la población a un mundo paralelo.
Embárcate con nosotros en un pequeño viaje para conocer a los singulares personajes que habitaron en este mágico lugar.

¡BIENVENIDOS!
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Quelques personnes pensent que la magie n'existe pas, mais...
Qu'est-ce que s'arrive si un jour, vous vous promenez par la campagne, en sifflant une melodie et, soudain, tour l'endroit change, le temps, l'espace et la lumière sont différents?
Il s'agit de Villairreal, un village inconnu, lequel, un sorcier au XVIIe siècle, à travers d'un sortilège, fût déplacé à un autre monde parallèle.
Voyagez avec nous pour connaître tous les personages très bizarres qui ont vécu dans ce lieu si magique.

BIENVENUS!